SOBRE EL AMOR EN LA FAMILIA

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jueves, 1 de octubre de 2015

Una mujer que supo asimilar la humildad y sencillez de Jesús

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este jueves en que celebramos la Memoria de Santa Teresa del Niño Jesús, Virgen y Doctora de la Iglesia.

Dios los bendiga…

Evangelio según san Mateo 18, 1-5
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es más grande en el Reino de los cielos?»Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo:«Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí».
Comentario

El triunfo de la sencillez

La popularidad de Teresa del Niño Jesús es uno de los fenómenos más impresionantes de nuestros tiempos. No muchas jóvenes fallecidas antes de los 24 años de edad hace más de 100 años podrían ser recordadas hoy por mucha gente, y uno diría que la austeridad de un convento de clausura no es el camino más firme hacia esa clase de fama.

Al parecer, hay razones sólidas para esa popularidad. No son razones con nombre extraño o rimbombante sino todo lo contrario. Es el dulce encanto de la sencillez; es la increíble atracción que produce un alma sincera; es la fascinación que despierta ver a alguien enamorado del Infinito y en verdadera resolución por alcanzarlo: todo eso es Teresa del Niño Jesús.

Un paralelo extraño pero útil

Personalmente no puedo dejar de pensar en una comparación extraña. Los breves años de vida de Teresa del Niño Jesús--o Santa Teresita, como muchos la llaman--coinciden con la rabiosa y abundante producción intelectual de uno de los enemigos jurados del cristianismo, Friedrich Nietzsche. Dos figuras tan diversas, prácticamente opuestas, como Santa Teresita y Nietszcshe parece que no cupieran en una sola frase y sin embargo, algo podemos aprender de ponerlos juntos.

La gran propuesta de Nietzsche es el "super-hombre" o sea, un modo nuevo de humanidad que va más allá del bien y del mal, y que no tiene más guía que la explosión gozosa de eso que se llama VIDA. Según él, la atención a lo que las cosas debieran ser es solo un freno que humilla y acompleja a lo que hay de más vigoroso y feliz en nosotros. El triste final de su experimento es la sinrazón. Loco y solo, Nietzsche enfrenta la muerte en pasiva derrota que contradice su afán de gozo y de vida plena.

Teresita busca en cambio el camino de la humildad, que puede parecer una locura, a ojos del mundo, pero que finalmente conduce a la sabiduría, y en modo tal, que la Iglesia la considera Doctora, es decir, maestra excelsa por su doctrina y santidad.

La soberbia y la humildad: caminos opuestos

En la vida de Teresita se cumple muy bien lo que un día oí predicar al P. Fernando Umaña: "La soberbia sólo puede ser principio de locura porque el soberbio sólo quiere que impere su propia opinión, y para ello tiene que negar la realidad exterior y desconectarse de ella."

"Por el contrario," sigue enseñando el P. Umaña, "la humildad nos prepara para oír la voz de otros precisamente porque nos cuenta que nuestra propia voz no es la única ni tal vez la más importante. El que descubre la humildad descubre también la obediencia; y el que así descubre la obediencia se hace rico en sabiduría, sin empobrecer a otros."

http://fraynelson.com/homilias.html.

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