¡Amor y paz!
Los evangelios de
Adviento, sacados de varios evangelistas, han sido escogidos para que nos den
una especie de cuadro de "la espera”... Muchos hombres, antes de Jesús,
han esperado, deseado, anhelado un mesías. Jesús ha venido a colmar y purificar
esta espera.
Jesús se encarnará. Llegará
a nuestra casa. Hoy, el centurión le pide al Señor que cure a su criado y Él se
ofrece a ir hasta donde el enfermo, pero
el oficial romano manifiesta que no es digno de que Él entre en su casa y que
basta una palabra para que su sirviente quede curado.
¿Estamos dispuestos
espiritualmente para recibir al Señor que ya llega? Ojalá los preparativos para
la Navidad incluyan nuestra vida espiritual.
Los invito, hermanos, a
leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la I Semana de
Adviento.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Mateo 8,5-11.
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole": "Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente". Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo". Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: 'Ve', él va, y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: 'Tienes que hacer esto', él lo hace". Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos;
Comentario
Los milagros de Jesús son
signos de que ya está irrumpiendo el Reino de Dios. La curación del criado -o
del hijo- del centurión por parte de Jesús, es un ejemplo de unas personas
paganas que reciben la luz. Lo que el profeta había anunciado, lo cumple Jesús.
Él es la verdadera Luz, el
vástago que esperaba el pueblo de Israel, el Mesías que trae paz y serenidad,
la Palabra eficaz y salvadora que Dios dirige a la humanidad.
El centurión era pagano.
No pertenecía al pueblo elegido. Más aún, era romano y militar: o sea,
pertenecía a la nación que dominaba a Israel. Pero tenía buenas cualidades
humanas. Era honrado, consecuente, razonable. Se preocupaba de la salud de su
criado.
En el fondo, ya tenía fe y
Dios estaba actuando en él. Su formación militar y disciplinar, aunque no era
exactamente la mejor clave para interpretar el estilo de Jesús, se demostró que
era un buen punto de partida para la salvación: «Señor, no soy digno», buena
expresión de humildad y de confianza. Jesús le alaba por su actitud y su fe:
encontró en él más fe que en muchos de Israel. Jesús siempre aprovecha las
disposiciones que encuentra en las personas, aunque de momento sean
defectuosas. Desde ahí las ayudará a madurar y llegar a lo que él quiere
transmitirles en profundidad.
a) Este Adviento ha
empezado como un tiempo de gracia para todos, los cercanos y los alejados.
Adviento y Navidad son un pregón de confianza. Dios quiere salvar a todos, sea
cual sea su estado anímico, su historia personal o comunitaria. En medio del
desconcierto general de la sociedad, él quiere orientar a todas las personas de
buena voluntad y señalarles los caminos de la verdadera salvación. El faro es
-debe ser- ahora la Iglesia, la comunidad de Jesús, si en verdad sabe anunciar
al mundo la Buena Noticia de su Evangelio.
b) Hoy también, muchas
personas, aunque nos parezcan alejadas, muestran como el centurión buenos
sentimientos. Tienen buen corazón.
¿Sucederá también este año
que esas personas tal vez respondan mejor a la salvación de Jesús que nosotros?
¿Estarán más dispuestas a pedirle la salvación, porque sienten su necesidad,
mientras que nosotros no la sentimos con la misma urgencia? ¿Tendrá que decir
otra vez Jesús que ha encontrado más fe en esas personas de peor fama pero
mejores sentimientos que entre los cristianos «buenos»? ¿Vendrán de Oriente y
Occidente -o sea, de ámbitos que nosotros no esperaríamos, porque estamos un
poco encerrados en nuestros círculos oficialmente buenos- personas que
celebrarán mejor la Navidad que nosotros? ¿O nos creemos ya santos, merecedores
de los dones de Dios?
c) Si en nuestra vida
decidimos bajar la espada y no atacar a nadie, estamos dando testimonio de que
los tiempos mesiánicos ya han llegado. Bienaventurados los que obran la paz.
Los que trabajan para que haya más justicia en este mundo y se vayan
corrigiendo las graves situaciones de injusticia, son los que mejor celebrarán
el Adviento. No es que Jesús vaya a hacer milagros, sino que seremos nosotros,
sus seguidores, los que trabajemos por llevar a cabo su programa de justicia y
de paz.
d) Cuando seamos hoy
invitados a la comunión, podemos decir con la misma humilde confianza del
centurión que no somos dignos de que Cristo Jesús venga a nuestra casa, y le
pediremos que él mismo nos prepare para que su Cuerpo y su Sangre sean en
verdad alimento de vida eterna para nosotros, y una Navidad anticipada.
J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 1
Adviento y Navidad día tras día
Barcelona 1995 . Págs. 16-19
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 1
Adviento y Navidad día tras día
Barcelona 1995 . Págs. 16-19
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