¡Amor y paz!
El Adviento prepara nada
más y nada menos que el encuentro del hombre con Jesús. ¿Hemos pensando en lo
trascendental de ese acontecimiento?
Pues bien: el evangelio
nos presenta hoy a un grupo de personas que hacen todo lo posible porque su
amigo, paralítico, se encuentre con Jesús. Animados por la fe, el amor y la
esperanza, logran ese ‘cara a cara’, entre el Señor misericordioso y el hombre
necesitado de misericordia, tras lo cual todos pueden decir: “Hoy hemos visto
cosas maravillosas.”
Así que la Palabra de Dios
nos invita a adoptar una postura activa y ayudar a otros a encontrarse con
Jesús. Como dice José Aldazábal, “Son muchos los que, a veces sin saberlo,
están buscando la curación, que viven en la ignorancia, en la duda o en la
soledad, y están paralíticos. Gente que, tal vez, ya no espera nada en esta
vida. O porque creen tenerlo ya todo, en su autosuficiencia. O porque están
desengañados”.
Los invito, hermanos, a
leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la II Semana de
Adviento.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 5,17-26.
Un día, mientras Jesús enseñaba, había entre los presentes algunos fariseos y doctores de la Ley, llegados de todas las regiones de Galilea, de Judea y de Jerusalén. La fuerza del Señor le daba poder para curar. Llegaron entonces unas personas transportando a un paralítico sobre una camilla y buscaban el modo de entrar, para llevarlo ante Jesús. Como no sabían por dónde introducirlo a causa de la multitud, subieron a la terraza y, desde el techo, lo bajaron con su camilla en medio de la concurrencia y lo pusieron delante de Jesús. Al ver su fe, Jesús le dijo: "Hombre, tus pecados te son perdonados". Los escribas y los fariseos comenzaron a preguntarse: "¿Quién es este que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?". Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: "¿Qué es lo que están pensando? ¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados están perdonados', o 'Levántate y camina'? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa". Inmediatamente se levantó a la vista de todos, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios. Todos quedaron llenos de asombro y glorificaban a Dios, diciendo con gran temor: "Hoy hemos visto cosas maravillosas".
Comentario
El Verbo de Dios ha venido
a habitar en el hombre; se ha hecho “Hijo del Hombre”, para acostumbrar al
hombre a recibir a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar en el hombre, tal
como quiere el Padre. He aquí porque el signo de nuestra salvación, el Emmanuel
nacido de la Virgen, nos ha sido dado por el mismo Señor (Is 7,14) En efecto,
es el mismo Señor quien salva a los hombres, puesto que éstos no pueden, de
ninguna manera, salvarse a sí mismos... El profeta Isaías dice: “Fortaleced las
manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes de
corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el
desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará” (35,3-4).
He aquí otro texto en donde Isaías ha predicho que el que nos salva no es ni simplemente hombre, ni un ser incorporal: “No fue un mensajero ni un enviado, él en persona los salvó; con su amor y benevolencia los rescató, los liberó” (63,9). Pero este salvador es, verdaderamente, un hombre, visible: “Ciudad de Sión, mira: tus ojos verán a nuestro Salvador” (33,20)... Otro profeta ha dicho: “Volverá a compadecerse, y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos” (Mi 7,19)... El Hijo de Dios, que es también Dios, vendrá del país de Judá, de Belén (Mi 5,1) para esparcir su alabanza sobre toda la tierra... Pues Dios se ha hecho hombre y el Señor, él mismo, nos ha salvado dándonos el signo de la Virgen.
He aquí otro texto en donde Isaías ha predicho que el que nos salva no es ni simplemente hombre, ni un ser incorporal: “No fue un mensajero ni un enviado, él en persona los salvó; con su amor y benevolencia los rescató, los liberó” (63,9). Pero este salvador es, verdaderamente, un hombre, visible: “Ciudad de Sión, mira: tus ojos verán a nuestro Salvador” (33,20)... Otro profeta ha dicho: “Volverá a compadecerse, y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos” (Mi 7,19)... El Hijo de Dios, que es también Dios, vendrá del país de Judá, de Belén (Mi 5,1) para esparcir su alabanza sobre toda la tierra... Pues Dios se ha hecho hombre y el Señor, él mismo, nos ha salvado dándonos el signo de la Virgen.
San
Ireneo de Lyon (c.130-208), obispo, mártir, doctor de la Iglesia, Padre de la
Iglesia griega
Contra las herejías III, 20,2 – 21 ,1; SC 34
Contra las herejías III, 20,2 – 21 ,1; SC 34
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2001-2012
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