martes, 25 de mayo de 2010

SIGAMOS A CRISTO: ÉL NOS PROMETE LA VIDA ETERNA

¡Amor y paz!

Ayer el joven rico se marchó triste, sin decidirse a seguir a Jesús. Hoy Pedro, que sí lo ha seguido, se lo recuerda: “Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. El resto ya se sobreentiende (y Mateo lo explícita en su evangelio): ¿qué recibiremos en cambio?

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Martes de la VIII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 10,28-31.


Pedro le dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido". Jesús respondió: "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna. Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros".

Comentario

La propuesta que Jesús hace frente a la riqueza (Mc 10, 23-27) escandaliza a los discípulos (…) Sin embargo, gracias a la solidaridad que surge de no entregar el corazón a las riquezas, muchos cristianos que salieron de Judea por las persecuciones de las autoridades religiosas, encontraron refugio en la generosidad de los cristianos de Galilea y Antioquía. La solidaridad de los cristianos con toda la gente en calamidad, perteneciente o no a la Iglesia, permitió que muchas familias no sólo encontraran comida y techo en tierras extranjeras, sino que también recibieran afecto, fraternidad y acogida.

Ahora bien, debemos tener en cuenta que esto lo hicieron personas humildes, de muy pocos recursos. Familias y comunidades que apenas tenían lo necesario para vivir. Sin embargo, "la casa" no resultó pequeña cuando se hizo necesario acoger a los desplazados. Y cuando les correspondió a ellos mismos emprender el éxodo, no temieron buscar a quienes consideraban sus "hermanos, hermanas, padres, madres e hijos".

Hoy, tenemos el mismo desafío. Nuestras iglesias, comunidades o grupos cristianos por más que sean pobres, pequeños y frágiles, pueden ayudar a aliviar el dolor de las personas que han dejado todo atrás. Y no para ofrecerlos un techo o un plato de comida. Esto es importante, pero es más importante ofrecerles afecto y fraternidad de modo que se sientan acogidos por una red de manos amigas.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
www.mercaba.org